martes, 1 de diciembre de 2009

ESCONDIÉNDOSE EN UNA PALABRA: INTERECONOMÍA


¿Cómo podríamos presentar nuestra cadena de una manera que resulte atractiva para el tipo de gente que vale la pena? Y con vale la pena me refiero a los que son y piensan como nosotros. ¿Cómo podemos traerles a nuestra casa sin que cuestionen la legitimidad de sus valores como valores humanos y válidos? Veo que es fácil, pongámonos el nombre de lo que importa, de lo que nadie puede negar que es importante. ¿Quién en su sano juicio quitaría importancia a la economía internacional? Fuente de supervivencia, poder, prestigio y lujo.

INTERECONOMÍA.

Somos la cadena que habla de la economía internacional y la relación con nuestro país, eso es lo importante. El resto de los valores que exhibimos: una visión sesgada e interpretada de la historia; una visión del mundo relacionada con mitos y ordenes religiosos sustentados no por ecuaciones tan precisas como las que interpretan los mercados y la economía; una visión de la naturaleza infantil y no reflexionada. Todos nuestros argumentos están ahí para justificar nuestros prejuicios en lugar de someterlos a una crítica constructiva. Si podemos dar a todos esos valores la legitimidad que tiene la importancia de la economía... Quizá podamos hacer que todo el mundo que piensa que la economía es importante acepte nuestros valores como garantías de criterio y actitud de ganador.

Salgamos de este estado.

Intereconomía es una cadena privada española que ha asumido como propios todos los símbolos que representan la cultura Española. Desde su logo en forma de toro hasta las voces populares del castellano que dan nombre a la mayoría de sus programas, pasando por su apropiación y interpretación personal de la historia de nuestro país: "Más se perdió en cuba", "El gato al agua", "Alguien lo tenía que decir", "Punto Pelota". Se respira una rotundidad en su lenguaje que manifiesta la firme creencia de sus presentadores en unos ideales. Detrás de los colaboradores que intentan transmitir una imagen de solvencia crítica se esconden prejuicios y ademanes nacional católicos imposibles de ignorar. Valores que nunca se han sometido a un verdadero escrutinio crítico por ellos mismos. Al auspicio de tales actitudes, se ha demostrado que cuando se pierde la realidad de vista con tanta notoriedad, se cometen errores. El Gran Wyoming les puso una trampa desde su programa de humor "El Intermedio". Y cada día emiten de dos a tres debates de actualidad política en los que participan ilustres premiados de las letras españolas. Ilustres premiados que en lugar de argumentar con la pericia mental que se les supone, apelan al insulto fácil y personal: que pena da este disfrutando de la victoria de su equipo, con un puro en una mano y una botella de champán, no cava, como se le supone que debería beber como nacionalista catalán... En fin... Vergonzosa dialéctica. Podrías decir que Joan La Porta no representa al Barça por muchas razones por ejemplo, o que no te parece un buen presidente de club de fútbol por muchas razones. Pero coger unas fotos de un momento privado suyo de celebración y usarlo como base de argumentación es un poco indigno de la inteligencia. El sesgo es impresentable.

El caso es que toda esta cadena esconde sus miserias y sus carencias a vista de todos, tras un nombre y una preocupación: la economía internacional. Porque si nos importa algo tan importante, entonces es que somos inteligentes, y si somos inteligentes, nadie puede poner en duda que tenemos la razón.

En definitiva: la derecha siempre gestiona mejor la economía... Si te interesa la economía te interesan nuestros valores... Es una falacia.

Esta es la clase de peligro al que nos enfrentamos cuando no sabemos lo importante que es el lenguaje en estas vidas.


jueves, 9 de julio de 2009

MEDIOS, POLÍTICA: SOMOS SEIS MESES


Hablemos del paisaje mental. Me gusta referirme al conjunto de ideas, recuerdos y motivos que albergamos en nuestra consciencia como el paisaje o espacio mental. No es un lugar muy grande. Contiene un número limitado de ítems a menudo organizados por la misma estructura mental que organiza el lenguaje. Estos ítems pueden ser nuestros gustos y prejuicios. Nuestra rutina diaria; nuestras ideas preconcebidas respecto a todo. La “idea” de lo que hay más allá de lo que abarcamos en nuestra vida diaria con nuestros sentidos. Llenamos las incógnitas de nuestra vida diaria con suposiciones, ítems, sobre lo que en cada momento de nuestras vidas no podemos conocer directamente. También incluye un resumen de lo vivido en el pasado, el reciente y el pasado pasado. Tomamos nuestras decisiones con todas esas cosas en mente. Hoy en día la televisión, la prensa, los medios en general, construyen ese paisaje mental en nuestras cabezas. Usted y su vecino pueden estar compartiendo más de lo que creen. El origen de esta coincidencia puede ser lingüístico también, fruto de la mecánica interna de la mente de cada persona. De la misma manera que construimos lenguajes para comunicarnos y construir grupos sólidos en los que se puedan realizar intercambios de información y bienes de manera eficaz, también somos vulnerables a una estandarización del pensamiento con fines sociales. ¿De qué vas? ¿Y tú de quién eres? ¿Te gusta el fútbol? ¿De qué equipo, partido, eres? Son expresiones que acercan esta idea a nuestra realidad. El contenido de ese paisaje mental opera a tales efectos como el lenguaje, es lenguaje en si.
Este paisaje mental explicado es bombardeado constantemente por elementos que dependen de nuestra decisión para subsistir: productos, partidos políticos, iniciativas públicas y privadas. Las televisiones andan en un terreno turbio, a veces quieren penetrar en el paisaje mental de los televidentes para conseguir su atención, disfrazándose de sus gustos, otras veces acaban transformando el paisaje mental de las personas. “Ponemos lo que gusta”, o gusta lo que hay porque es lo único que hay.
A efectos de esta entrada, hoy tocamos uno de los aspectos más sangrantes de nuestra sociedad: las campañas políticas. El único punto vulnerable de nuestro sistema de poder es ese día cada cuatro años en el que una masa “desinformada e inculta” (considerada así por los poderosos) decide cómo se va a repartir el pastel del producto y bien común.
Los partidos cuentan ya con una base de votantes que han decidido excluir otra opción política por su trasfondo histórico. El problema viene a la hora de mantener a los votantes, de base o no, interesados en votar a un partido.
Estos últimos ocho años hemos visto en España una forma de política de comunicación de partido que integra la teoría de campaña electoral en el proceder regular de las intervenciones mediáticas de un partido. En este caso: el Partido Popular. La historia reciente nos ha mostrado claramente como un partido político puede operar mucho más allá de lo éticamente tolerable y permanecer como una opción política ganadora.
La consigna principal de esta política de comunicación se reduce a: tenemos más tiempo en los medios que lo que dura la memoria de los españoles. Se considera que el votante medio tiene una memoria efectiva en la que basar su criterio de tan solo seis meses. No importa lo que haya ocurrido antes de esos seis meses. Todo lo que no entre en ese margen de tiempo ya no forma parte del paisaje mental del votante, al menos no como un recuerdo asociado a una emoción que pueda cambiar el voto. Es por ello que los partidos se centran en los últimos seis meses de legislatura en resumir la política propia y la del contrario. La habilidad de cada partido a la hora de crear ese día invisible en la mente de las personas decidirá quién gobernará.
Por supuesto, esta estrategia no es inmune a la realidad. No existe una estrategia fiable por completo, sobretodo si se basa en el lenguaje, en el mundo que los votantes tienen en su cabeza. En el año 2004 el PP se enfrentaba a unas elecciones en las sus estadísticas les decían que no renovarían su mayoría absoluta, pero que ganarían de lejos. No importó el desastre y la pésima gestión del caso Prestige. El apoyo tácito de nuestro gobierno a una guerra basada en mentiras. Los escándalos de manipulación de los medios… Todo era viejo, viejo pellejo. El votante había olvidado y perdonado con su silencio. Entonces sucedió el triste atentado de Atocha. Los detalles importaban poco. El PP empleó todo su poderío mediático en vender una idea antes de los comicios: que el atentado era obra de un grupo terrorista autóctono, cuyas motivaciones no estaban ligadas al curso de la legislatura del partido gobernante. Fue este esfuerzo exagerado por modificar el paisaje mental de la población lo que vio la población al final y lo que les quitó del poder. Fue el resumen más eficaz de su gestión de gobierno en apenas 3 días: manipulación de los medios, beligerancia injustificada contra países que no nos habían hecho nada, rechazo de cualquier responsabilidad personal por cualquier acción durante su gobierno. Que nos lo recordaran en el momento que necesitábamos líderes competentes y no gestores de comunicación no gustó nada.

Actualmente el PP aplica la misma política de comunicación de impresiones a corto plazo. Cada actuación en unas elecciones es aislada de una interpretación global del curso de todas las elecciones. Se trata de vender una imagen de triunfo constante obviando realidades que relativizarían el entusiasmo.

La clave es que van a estar más tiempo en los medios de comunicación de lo que nuestra memoria puede tolerar. Al final, si avanzamos suficiente en la línea de tiempo, la versión de la realidad que contará será la suya, no la del espectador.

Afortunadamente, y esto es comprobable ayer, hoy y mañana, esta estrategia no es inmune al sentido crítico. Una estrategia de comunicación así se sustenta sobre frases super simplificadoras asociadas a una emoción. Titulares lapidarios reexplicados por los mismos portavoces por pura inercia, no por un deseo expreso de argumentar el titular sino por dar la apariencia de estar argumentando. Esta clase de premisas no soportan un escrutinio lógico. Lo que Rajoy dice fuera de Cataluña no puede ser explicado de la misma forma en Cataluña, porque ahí le harán más preguntas. En otra comunidad “ya se sabe” que Cataluña solo quiere “más para ellos” y dan muchas cosas por sentadas. Vale la pena comparar sus entrevistas en televisiones autonómicas catalanas con sus intervenciones en cadenas de ámbito nacional. La única defensa contra esta estrategia es leer la estrategia en si: la realidad como tal ha dejado de importar cuando lo importante es hallar un modo eficaz de llegar al poder. El periodismo ha dejado de hacer preguntas, simplemente actúa como amplificador de las declaraciones de unos y otros esperando que el lector de periódicos haga un esfuerzo que no hace: interpretar y cuestionar lo que se le dice.

Cuando hable con su amigo político tenga bien en cuenta que. para él, usted solo es seis meses. Tener más memoria es la única manera de asegurar que las responsabilidades tengan peso.

miércoles, 17 de junio de 2009

ARGUMENTACIÓN: ADOCTRINAMIENTO FALAZ

El pasado lunes escuchaba en Onda Radio entrar un oyente opuesto a la idea del aborto libre. No me escandalizó su idea en absoluto sino su argumentación. Para empezar, la argumentación provenía de su hijo de 5 años a quien él considera más inteligente que él mismo. Por lo visto el crío vino del colegio con una explicación sobre por qué el aborto estaba mal. La explicación era tan demoledora para el padre que aseguraba que a a cualquiera quien se la había dado había entendido perfectamente esa posición.

Intrigado, continué escuchando.

El padre relató la escena. Su hijo le preguntó: ¿tu mano es tuya o mía? El padre respondió: “mía”. El hijo envolvió la mano del padre con su puño y le dijo: ¿y ahora de quién es? ¿Tuya o mía? El padre se dio cuenta que su mano seguía siendo suya a pesar de estar envuelta en el puño del hijo. Y esta es la explicación. De ahí infieren que una mujer no tiene derecho a abortar puesto que el cuerpo en su interior no es suyo, es del niño (¿o de quién más?).

Mientras el sorprendido padre permanecía con el intelecto paralizado por la imagen utilizada para soportar una posición antiabortista, yo me pregunto: ¿Por qué se le ha explicado algo así a un niño de 5 años? Para empezar, es un argumento que toma una posición, no es informativo. Además, es discutible.

El argumento introduce dos conceptos: el derecho y la propiedad. La respuesta del padre a la última pregunta del hijo debería haber sido. ¿Y con qué derecho estás ocupando mi cuerpo? O espacio privado, o lo que sea. El niño podría haber respondido a eso: “no… es que nací aquí”. Si, me parece bien, pero es que no nació ahí por generación espontánea. Dos partes hubo implicadas y cada caso tiene su motivación distinta. ¿Cuál es la propiedad más importante? ¿La del cuerpo que crece dentro de uno o la del cuerpo que lo alberga? Cualquier antiabortista diría que la vida tiene prioridad. ¿Pero la vida de quién? ¿De la madre o del feto? ¿Y si el desarrollo de la forma de vida interna perjudica a la externa? ¿Cuál es la vida que decidimos que puede continuar? Abierto el melón de la propiedad y el derecho, el argumento no puede quedar tal como está sin ser cuestionado.

Al final supongo que la premisa a la que intentan llegar los antiabortistas, a pesar de su torpe apelación a la propiedad (que derivan a menudo en Dios), es que la vida tiene valor intrínseco. Que una vez iniciada una vida, no está en el derecho de nadie quitarla. Que incluso el feto de un violador tiene derecho a desarrollarse. Incluso que un feto mal desarrollado tiene derecho a desarrollarse e intentar una vida. Que un embarazo accidental debería servir como lección para no tomarse el sexo a la ligera como entretenimiento porque se juega con vidas. El caso es que en el primero de los casos mencionados alguien ya ha tomado la decisión de si la vida tiene valor intrínseco o no. Para un violador ninguna vida tiene valor salvo la propia. Para el segundo caso, me consta que la situación no es un placer para nadie y no está relacionada con la apelación recurrente a la desvinculación del sexo de su función reproductiva que tanto les gusta esgrimir a los grupos antiabortistas. Respecto al embarazo accidental, dudo que alguien en este mundo considere el aborto como un medio contraceptivo, sino un fracaso del método contraceptivo, y un fracaso de la responsabilidad personal.

Para bien o para mal, este es un tema que no tiene casos tipo sino excepciones que deben ser observadas por separado para discernir su categoría ética.

viernes, 12 de junio de 2009

FICCIÓN: LIE TO ME.


De vez en cuando aparece alguna serie o película que trabaja sobre el lenguaje como premisa. “House”, “El Mentalista” y “Lie to Me” (Miénteme) son algunas de las últimas que he visto. Tendría que incluir las series de CSI en el pack puesto que emplean el lenguaje de la ciencia para describir la realidad de un crimen, pero prefiero destacar las que directamente se centran en la percepción y el funcionamiento de la mente. House cae más por el lado de las series del estilo CSI por su trabajo con el lenguaje de los síntomas del cuerpo humano pero sus diálogos plagados de proposiciones lógicas pueden aportar algo al que busque filosofía del lenguaje aplicada.



Para empezar, la serie a la que estoy más enganchado es Lie to Me. Se centra en las correrías de un grupete de antropólogos o psicólogos, o sociólogos, o todo a la vez, que pilotan una fundación que se vende como capaz de descubrir la verdad que oculta la gente. Su método: el análisis concienzudo del lenguaje corporal y facial de los individuos. La premisa es que los seres humanos descuidamos las expresiones involuntarias de emociones básicas y cómo reaccionamos ante los estímulos nos puede indicar nuestra verdadera posición respecto a un tema. El personaje principal interpretado por Tim Roth es un tipo que se ha pasado la vida viajando por el mundo viviendo con sociedades y tribus de distintas culturas para catalogar todas sus expresiones. Tiene toda la oficina decorada con fotos de caras expresando algo y multitud de ordenadores apple, lo que hace que mole bastante. Asimismo, como puntilla, la serie te muestra casos reales de emociones en personalidades que vivieron situaciones similares a las de los personajes entrevistados durante los casos. Bill Clinton mintiendo sobre sus relaciones con Mónica; O.J. Simpson mintiendo sobre su inocencia… Realmente aporta una nueva perspectiva a esos casos que si bien no está soportada por las evidencias físicas halladas en sus juicios, si que sorprenden por su aparente certeza inmediata.

La comunicación gestual y facial es un sistema antiguo, tan arraigado casi como el sentido del olfato. Nos es muy natural y forma parte sin duda de nuestras estrategias adaptativas. No es raro pues que algunas personas se sientan atraídas por una forma de lenguaje tan puro e incontrolable que muestra el pensamiento interno de los interlocutores con más fiabilidad que el lenguaje hablado. Fiabilidad puede no ser la palabra. El caso es que nos creemos las expresiones. Es difícil mentir con la cara. Miren como esos campeones de Poker emplean gafas de sol, gorros, orejeras y otras cosas para esconder sus expresiones durante la partida.

La serie profundiza en el método de los protagonistas para hallar la verdad. Filman a los entrevistados de sus casos con todos los medios posibles, incluso miden el tiempo de sus respuestas para saber si lo que responden es algo memorizado, inventado, o la verdad. Es interesante ver como desgranan las costumbres de la mentira. Cómo nos cuesta repetir una secuencia de acontecimientos inventada en un orden distinto al que la narramos por primera vez…

Este video muestra la opinión de un experto en dispositivos detectores de mentiras sobre una de las escenas de la serie en la que el doctor protagonista compara la capacidad de estos aparatos con sus propias capacidades fruto de la investigación.



Si bien la serie no trata precisamente sobre cómo los medios componen nuestros paisajes mentales, que es el tema de este blog, sí que puede dar una impresión de cuán frágiles son nuestros sistemas de comunicación y, a la vez, el grado de sutileza al que podemos llegar cuando traducimos los mensajes que nos envían en contenido mental propio. Esencialmente cada persona tiene su propio juego de referencias para el idioma que habla, lo que en la práctica en realidad significa que todos hablamos un idioma distinto aunque aproximado al del resto del mundo. Sólo las estructuras lógicas de razonamiento, la textura del uso del lenguaje, el sistema operativo, vamos, parecen ser similares en todas las personas. El lenguaje facial y gestual parecen próximos a esa categoría de lenguaje. Algo muy eficaz a la hora de transmitir aquello que pueden transmitir: emociones.

martes, 9 de junio de 2009

¿A dónde vamos desde aquí?

"Día invisible" es el título de una canción de Chris Whitley (¡adelante Spotify! "Invisible day") que fue compuesta o versionada por él antes o después de la segunda guerra sobre Irak por los Estados Unidos. Hace referencia directa al campo de interés de este Blog. Habla sobre un día inexistente, un día brillante e inspirador. La clase de día que creen aquellos que luchan en alguna guerra que verán si vencen. En el caso que inspiró la canción, un día en el que los irakíes aclamarían felices a los invasores americanos y una democracia limpia y eficiente se instauraría en una sociedad casi feudal desde hace miles de años. Una vez terminada la invasión y establecida la ocupación, tras cientos de miles de muertos y una actualidad que nos deja un atentado casi diario en aquella zona, uno se pregunta: ¿A dónde vamos desde aquí? ¿Es esto la victoria? ¿Cómo se puede seguir adelante con el resentimiento y el dolor creados? Ahora es evidente que muchas de las manifestaciones de los líderes americanos, que pensaban que su ejército sería recibido con alegría en aquel país, estaban imbuidas del espíritu mágico de esa ilusión. El día invisible. Ninguna guerra ha dado tal día. La experiencia no proporciona un futuro parecido al pasado pero mejor, si no un futuro diferente, inadvertido desde el pasado, marcado por la experiencia. Tales abstracciones solo pueden ocurrir como mucho en el mundo del deporte. Y a pesar de todo hay muchas historias de una victoria deportiva que no conocemos, por existir el filtro de la televisión, que hacen que las vivamos como algo casi mental. Supongo que con suficiente televisión podrías hacer creer que ese día invisible existe como tal, con toda su pureza. Pero siempre quedan cosas pendientes, el precio de la victoria, los altercados durante las celebraciones... Al final todo se reduce a creer en ese día, incluso cuando todo a tu alrededor te dice que no existió como tal. Aquella noche tan feliz para uno, pudo ser la noche en la que otro perdió un ojo, movilizados los dos por las mismas fuerzas: la victoria de su equipo.

Creer en ese día invisible puede llevarte a iniciar una guerra. El día invisible es entrar en un supermercado con hambre. Salir con el carrito cargado y darte cuenta que has comprado mucho más de lo que necesitabas. El día invisible es anticipar que el tren llegará a su hora sin más prueba que el horario. El día invisible es el mundo que existe en nuestra mente simbolizando el mundo real al que decidimos no prestar atención.

Hoy vivimos en una época en el que el contenido mental de las personas es ya el campo de batalla de las empresas y los políticos. El lenguaje, la cultura y el entretenimiento son las herramientas empleadas para variar ese espacio y, a ser posible, generar ese día invisible en las personas. Un día invisible como, por ejemplo: que el Partido Popular es el ganador de unas elecciones en las que ha votado solo una de cada tres personas que suelen votar en las elecciones generales. O como que el valor de un producto de marca se explica por su mejor calidad.
Vamos a intentar destruir los muros falsos del día invisible. ¿Que podemos conocer? En nuestra actitud respecto a lo que conocemos y vemos quizá no podamos alcanzar la verdad absoluta, pero sí podemos distinguir aquello que es más probable que no sea cierto.


lunes, 8 de junio de 2009

Probando probando...

Pruebas preliminares en marcha...