miércoles, 17 de junio de 2009

ARGUMENTACIÓN: ADOCTRINAMIENTO FALAZ

El pasado lunes escuchaba en Onda Radio entrar un oyente opuesto a la idea del aborto libre. No me escandalizó su idea en absoluto sino su argumentación. Para empezar, la argumentación provenía de su hijo de 5 años a quien él considera más inteligente que él mismo. Por lo visto el crío vino del colegio con una explicación sobre por qué el aborto estaba mal. La explicación era tan demoledora para el padre que aseguraba que a a cualquiera quien se la había dado había entendido perfectamente esa posición.

Intrigado, continué escuchando.

El padre relató la escena. Su hijo le preguntó: ¿tu mano es tuya o mía? El padre respondió: “mía”. El hijo envolvió la mano del padre con su puño y le dijo: ¿y ahora de quién es? ¿Tuya o mía? El padre se dio cuenta que su mano seguía siendo suya a pesar de estar envuelta en el puño del hijo. Y esta es la explicación. De ahí infieren que una mujer no tiene derecho a abortar puesto que el cuerpo en su interior no es suyo, es del niño (¿o de quién más?).

Mientras el sorprendido padre permanecía con el intelecto paralizado por la imagen utilizada para soportar una posición antiabortista, yo me pregunto: ¿Por qué se le ha explicado algo así a un niño de 5 años? Para empezar, es un argumento que toma una posición, no es informativo. Además, es discutible.

El argumento introduce dos conceptos: el derecho y la propiedad. La respuesta del padre a la última pregunta del hijo debería haber sido. ¿Y con qué derecho estás ocupando mi cuerpo? O espacio privado, o lo que sea. El niño podría haber respondido a eso: “no… es que nací aquí”. Si, me parece bien, pero es que no nació ahí por generación espontánea. Dos partes hubo implicadas y cada caso tiene su motivación distinta. ¿Cuál es la propiedad más importante? ¿La del cuerpo que crece dentro de uno o la del cuerpo que lo alberga? Cualquier antiabortista diría que la vida tiene prioridad. ¿Pero la vida de quién? ¿De la madre o del feto? ¿Y si el desarrollo de la forma de vida interna perjudica a la externa? ¿Cuál es la vida que decidimos que puede continuar? Abierto el melón de la propiedad y el derecho, el argumento no puede quedar tal como está sin ser cuestionado.

Al final supongo que la premisa a la que intentan llegar los antiabortistas, a pesar de su torpe apelación a la propiedad (que derivan a menudo en Dios), es que la vida tiene valor intrínseco. Que una vez iniciada una vida, no está en el derecho de nadie quitarla. Que incluso el feto de un violador tiene derecho a desarrollarse. Incluso que un feto mal desarrollado tiene derecho a desarrollarse e intentar una vida. Que un embarazo accidental debería servir como lección para no tomarse el sexo a la ligera como entretenimiento porque se juega con vidas. El caso es que en el primero de los casos mencionados alguien ya ha tomado la decisión de si la vida tiene valor intrínseco o no. Para un violador ninguna vida tiene valor salvo la propia. Para el segundo caso, me consta que la situación no es un placer para nadie y no está relacionada con la apelación recurrente a la desvinculación del sexo de su función reproductiva que tanto les gusta esgrimir a los grupos antiabortistas. Respecto al embarazo accidental, dudo que alguien en este mundo considere el aborto como un medio contraceptivo, sino un fracaso del método contraceptivo, y un fracaso de la responsabilidad personal.

Para bien o para mal, este es un tema que no tiene casos tipo sino excepciones que deben ser observadas por separado para discernir su categoría ética.

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