De vez en cuando aparece alguna serie o película que trabaja sobre el lenguaje como premisa. “House”, “El Mentalista” y “Lie to Me” (Miénteme) son algunas de las últimas que he visto. Tendría que incluir las series de CSI en el pack puesto que emplean el lenguaje de la ciencia para describir la realidad de un crimen, pero prefiero destacar las que directamente se centran en la percepción y el funcionamiento de la mente. House cae más por el lado de las series del estilo CSI por su trabajo con el lenguaje de los síntomas del cuerpo humano pero sus diálogos plagados de proposiciones lógicas pueden aportar algo al que busque filosofía del lenguaje aplicada.
Para empezar, la serie a la que estoy más enganchado es Lie to Me. Se centra en las correrías de un grupete de antropólogos o psicólogos, o sociólogos, o todo a la vez, que pilotan una fundación que se vende como capaz de descubrir la verdad que oculta la gente. Su método: el análisis concienzudo del lenguaje corporal y facial de los individuos. La premisa es que los seres humanos descuidamos las expresiones involuntarias de emociones básicas y cómo reaccionamos ante los estímulos nos puede indicar nuestra verdadera posición respecto a un tema. El personaje principal interpretado por Tim Roth es un tipo que se ha pasado la vida viajando por el mundo viviendo con sociedades y tribus de distintas culturas para catalogar todas sus expresiones. Tiene toda la oficina decorada con fotos de caras expresando algo y multitud de ordenadores apple, lo que hace que mole bastante. Asimismo, como puntilla, la serie te muestra casos reales de emociones en personalidades que vivieron situaciones similares a las de los personajes entrevistados durante los casos. Bill Clinton mintiendo sobre sus relaciones con Mónica; O.J. Simpson mintiendo sobre su inocencia… Realmente aporta una nueva perspectiva a esos casos que si bien no está soportada por las evidencias físicas halladas en sus juicios, si que sorprenden por su aparente certeza inmediata.
La comunicación gestual y facial es un sistema antiguo, tan arraigado casi como el sentido del olfato. Nos es muy natural y forma parte sin duda de nuestras estrategias adaptativas. No es raro pues que algunas personas se sientan atraídas por una forma de lenguaje tan puro e incontrolable que muestra el pensamiento interno de los interlocutores con más fiabilidad que el lenguaje hablado. Fiabilidad puede no ser la palabra. El caso es que nos creemos las expresiones. Es difícil mentir con la cara. Miren como esos campeones de Poker emplean gafas de sol, gorros, orejeras y otras cosas para esconder sus expresiones durante la partida.
La serie profundiza en el método de los protagonistas para hallar la verdad. Filman a los entrevistados de sus casos con todos los medios posibles, incluso miden el tiempo de sus respuestas para saber si lo que responden es algo memorizado, inventado, o la verdad. Es interesante ver como desgranan las costumbres de la mentira. Cómo nos cuesta repetir una secuencia de acontecimientos inventada en un orden distinto al que la narramos por primera vez…
Este video muestra la opinión de un experto en dispositivos detectores de mentiras sobre una de las escenas de la serie en la que el doctor protagonista compara la capacidad de estos aparatos con sus propias capacidades fruto de la investigación.
La comunicación gestual y facial es un sistema antiguo, tan arraigado casi como el sentido del olfato. Nos es muy natural y forma parte sin duda de nuestras estrategias adaptativas. No es raro pues que algunas personas se sientan atraídas por una forma de lenguaje tan puro e incontrolable que muestra el pensamiento interno de los interlocutores con más fiabilidad que el lenguaje hablado. Fiabilidad puede no ser la palabra. El caso es que nos creemos las expresiones. Es difícil mentir con la cara. Miren como esos campeones de Poker emplean gafas de sol, gorros, orejeras y otras cosas para esconder sus expresiones durante la partida.
La serie profundiza en el método de los protagonistas para hallar la verdad. Filman a los entrevistados de sus casos con todos los medios posibles, incluso miden el tiempo de sus respuestas para saber si lo que responden es algo memorizado, inventado, o la verdad. Es interesante ver como desgranan las costumbres de la mentira. Cómo nos cuesta repetir una secuencia de acontecimientos inventada en un orden distinto al que la narramos por primera vez…
Este video muestra la opinión de un experto en dispositivos detectores de mentiras sobre una de las escenas de la serie en la que el doctor protagonista compara la capacidad de estos aparatos con sus propias capacidades fruto de la investigación.
Si bien la serie no trata precisamente sobre cómo los medios componen nuestros paisajes mentales, que es el tema de este blog, sí que puede dar una impresión de cuán frágiles son nuestros sistemas de comunicación y, a la vez, el grado de sutileza al que podemos llegar cuando traducimos los mensajes que nos envían en contenido mental propio. Esencialmente cada persona tiene su propio juego de referencias para el idioma que habla, lo que en la práctica en realidad significa que todos hablamos un idioma distinto aunque aproximado al del resto del mundo. Sólo las estructuras lógicas de razonamiento, la textura del uso del lenguaje, el sistema operativo, vamos, parecen ser similares en todas las personas. El lenguaje facial y gestual parecen próximos a esa categoría de lenguaje. Algo muy eficaz a la hora de transmitir aquello que pueden transmitir: emociones.
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